COLUMNA
Todo para las regiones ¿pero sin las regiones?
Para la opinión pública capitalina, las regiones sólo existen cuando padecen alguna tragedia o se realiza alguna actividad de carácter nacional, con la intención de dar muestras de “descentralización”. Los preocupante es cuando esto se pondera al desarrollo de políticas públicas, que en algunos casos, cual despotismo ilustrado, se diseñan para las regiones, pero sin las regiones.
El Gobierno anunció esta semana cómo hará entrega de los 290 millones de dólares con que pretende compensar a las regiones por los recursos que ha asignado al Transantiago. Y planteó dos mecanismos: asignación directa y préstamos.
Para la asignación directa se dispondrán 100 millones de dólares. De ellos, el 60% se asignarán en relación a los Fondos Nacionales de Desarrollo Regional (FNDR) que reciben actualmente y el 40%, se entregarán según cómo gestionen el presupuesto de este año. Los otros 190 millones de dólares podrán solicitarlos como préstamos extras para desarrollar proyectos de inversión. Tendrán cinco años de gracia y diez para devolverlos, tal cual como operará el crédito para el Transantiago.
Si bien este anuncio es una señal política de que el Gobierno se está haciendo cargo de los reclamos de regionalistas y parlamentarios, que acusaban que las regiones seguían siendo desplazadas por los intereses capitalinos, también es una señala de que la autoridad está desarrollando políticas reactivas y respondiendo, prácticamente, a la presión mediática.
Es una demostración de que no hay una planificación clara para potenciar la descentralización. La modalidad de “préstamos” no tiene ninguna relación con la realidad que hoy viven las regiones. Ellas no generan rentabilidad, por tanto ¿cómo podrán exigirles el reembolso de estos recursos? El resto del país –en relación a Santiago– necesita una mayor inyección de recursos para potenciar su desarrollo y convertirse en un atractivo para inversiones, sean nacionales o extranjeras. No necesitan más carga ni más presión.
Además, los fondos “prestados” tendrán la restricción de ser usados sólo en infraestructura vial, transportes y telecomunicaciones. Es decir, están restringiendo la libertad de los gobiernos regionales de enfatizar el desarrollo de otras áreas y satisfacer sus reales necesidades. Nuevamente se toman decisiones regionales tras un escritorio centralista.
En definitiva, estas propuestas, para las regiones, pero sin ellas, no hacen más que poner de manifiesto la improvisación gubernamental en material regional. No hay que olvidar, tal como se tituló la última Cumbre de las Regiones, “Todo Chile es Chile”.