jueves, septiembre 09, 2004

ENSAYO-------------------

Unión homosexual:

¿Destape Modernista o Terrorismo Posmoderno?


¿Qué hace a una madre ser madre? ¿parir? ¿amamantar? ¿educar? Lo primero es que sea mujer, aparentemente, aunque existan hombres que deban o pretendan desempeñar este rol. Pero qué pasa si esa madre, que cumple fielmente con lo que la sociedad le exige como tal, mantiene una sexualidad activa con otra mujer, con otra madre. ¿Perversión? ¿Deja entonces de ser madre?. En definitiva, ¿ser homosexual le impide ser madre?.

Durante meses gran parte de la sociedad chilena se vio enfrascada en una discusión, que como muchas otras, quedó inconclusa. Una sociedad, que para muchos está viviendo una suerte de retardado “destape a la chilensis” por estos días, lentamente fue develando un hecho “impactante”, que al ver la debacle que podía desatar, asimismo fue cubriendo con certeras bombas de humo hasta hacerlo, prácticamente, desaparecer del debate público. Que una sala de la Corte Suprema de Justicia le haya quitado la tuición de sus hijas a una mujer, sin considerar las condiciones dispuestas para ello en el propio Código Civil, apelando sencillamente a la condición sexual de ésta, deja entrever mucho más que una simple discriminación.

El caso de la jueza Karen Atala –la jueza o la madre lesbiana como en más de algún medio llamaron con desprecio- pone sobre la mesa ideas, principios y valores incuestionables socialmente. Familia, sexualidad y género, conductas preestablecidas, lo socialmente correcto, pero principalmente la igualdad ante la ley y qué o quién finalmente lo determina. Imaginarios sociales que aparentemente constituían el “en sí mismo” del que habla Kenneth Gergen. Sin embargo, casos como el de la jueza Karen Atala o la legalización de matrimonios homosexuales en Massachussets, los ponen en entredicho.

Y es que acaso ¿sólo la orientación sexual es condicionante para la constitución de un hogar? o ¿sólo alguna “clase” de personas puede optar a tal reconocimiento social y gozar de los beneficios de adquirir tan ansiado contrato civil?. Acaso ¿la racionalidad modernista es la única respuesta para los discursos alternativos de cierta mal llamada minoría sexual?, ¿la cuestión puede circunscribirse sólo a la biología o la moral?.

Pero entonces, ¿a qué se refiere la igualdad entre las personas que promulgan uno de los principios más fundamentales de los derechos humanos, una de los más arraigados imaginarios sociales que sustentan parte de la visión de Occidente? Sólo un ámbito del ser humano, su orientación sexual, basta para determinar si alguien es más o menos persona? Así parece haberlo demostrado uno de los poderes del Estado, más allá de la imposibilidad de efectuar un pacto civil, que ni siquiera permite la maternidad/paternidad, como en el caso de la jueza Atala.

El enfoque racionalista despliega un completo abanico de argumentos para cerrase a la posibilidad de dar legitimidad a la unión homosexual. Nuevamente es la razón la que nos ilumina y nos muestra el camino. Esta es la vara con que la sociedad determina lo que es bueno o conveniente para sus miembros. Y los principales argumentos median entre asegurar la procreación y la superviviencia de la especie humana y el ejemplo desviado que se le puede dar a un niño que crecería con la falta de imágenes materna y paterna.

Pero desde ese punto de vista, el celibato también es una restricción a la “procreación”. Sin el ánimo de discutir tal punto en profundidad, el tema de fondo aquí no se puede restringir a una cuestión meramente racional. De ser así, la propia ciencia ofrece la solución. Inseminación artificial o fecundación in vitro, o la legalidad a través de la posibilidad de la adopción. Además, gran parte de los homosexuales no tuvieron la opción de elegir, simplemente fue la propia biología que los trajo al mundo con modificaciones en sus códigos genéticos.

Sin duda el eje de la discusión gira en torno al agotamiento del discurso modernista, que podía acabar con todo este “alboroto” ético imponiendo su científica y racional verdad sepulcral, revestida con la autoridad que le da la objetividad y la praxis experimental.

En este sentido, las uniones homosexuales son parte de un discurso completamente posmoderno. Llegó el tiempo de la validez de todo punto de vista, por lo tanto pueden existir con plena libertad quienes no comulguen con una orientación homosexual, pero quienes la profesan y practican no son ni merecen menos consideración. Y lentamente vamos desembocando en un relativismo de aquello reconocido como cierto o natural, de las verdades convencionales.

Es el momento de echar por tierra toda imposición de autoridad, la razón no puede estar más por sobre los hechos, por sobre la realidad y lo que cada uno quiere para su vida, sea socialmente correcto o no. Además en medio de este relativismo quién se va a atrever siquiera a cuestionar la visión de otros.

Como plantea el escritor Christophe Donner –Le Monde 23 de mayo de 2004- la homosexualidad no existe y sólo está esperando su golpe de gracia: el matrimonio homosexual. “La institución del matrimonio extendido a personas del mismo sexo anula la agonía de esa palabra bárbara y de sus siniestros derivados. La palabra se va a extinguir, y con ella la ilusión que recubría”. Donner se disparó en la salida de una carrera que en nuestro país aún siquiera ha dado la largada.

Los cientos de parejas que concurrieron a contraer matrimonio en Massachusetts, el primer estado norteamericano que legalizó la unión homosexual, son una excelente muestra de la ratificación de un discurso que se hace masivamente público sobre la base del posmodernismo. Una multitud alrededor del mundo rompió con las ataduras de los convencionalismos hipócritas, que por siglos han hecho de la homosexualidad un tema “tabú”, para dar rienda suelta a su individualidad. Gays y Lesbianas, que por años debieron vivir en la clandestinidad y sufrir la desprotección legal de su vida en pareja, esperaron durante horas para formalizar su unión aquel 16 de mayo. Asimismo, Canadá e Inglaterra van por la misma senda.

De hecho en Chile, el Centro de Encuestas de diario La Tercera realizó, en el mes de junio, un estudio con 100 jóvenes acerca de padres y madres homosexuales. Más del 90 por ciento de los encuestados, entre 15 y 17 años de edad, respondió que aceptaría a su padre o madre independiente de su orientación sexual. Un dato no menor, que sin duda, es una reafirmación de los postulados posmodernos que hace mucho arrancaron de las artes para instalarse en todo orden de cosas.

Y esto es lo que está sacando ronchas en muchos sectores, principalmente institucionalizados, de la sociedad: el ataque a las instituciones en que se sustenta. Se trata de un atentado directo y profundo a lo establecido, a una construcción de una visión de sociedad, como también a las esferas de poder que los detentan.

La Iglesia y la Justicia han sido protagonistas de este debate, y posiblemente los más perjudicados en esta legitimación de los puntos de vista. La Iglesia funda parte importante de su doctrina en la paridad hombre – mujer, desde la creación del mundo con Adán y Eva hasta los fundamentos del mundo católico occidental de una imagen paterna todo poderosa y de una madre santa de la humanidad. Por lo tanto, aceptar la idea de la unión homosexual atenta contra sí misma, contra su jerarquía y autoridad. En tanto, la justicia, que debiera “dar a cada uno lo suyo”, tendría que reestructurar sus fundamentos legales para reconocer a este grupo los derechos que les corresponden por el solo hecho de ser persona, una certeza racional, que a pesar de serlo, no se aplica como tal.

El tema en cuestión parece ubicarse más allá de la mera legalización de las uniones entre homosexuales, puesto que sería un debate que nos encerraría en la legitimación de los principios modernistas de reconocimiento legal y social por parte de una autoridad, lo cual bajo los postulados posmodernos no es necesario. La cuestión aquí es libertad, una elección, la no discriminación de una visión, de una forma particular de vivir una parte esencial en la vida del ser: su sexualidad.

Así como es cuestionada la validez y legitimidad del matrimonio entre personas del mismo sexo, también podría cuestionarse el concepto occidental del matrimonio. En este sentido, cada persona es libre de optar por la convivencia que mejor le parezca. Pero este discurso alternativo -y dominante a ratos en algún ámbito de cosas- resulta una suerte de atentado terrorista a las convenciones en que se ha fundado todo el ordenamiento político, jurídico, económico, social y cultural de nuestra civilización. Atentado inevitable que probablemente se transformará luego en el discurso dominante de una época que se verá, a su vez, en peligro frente a un nuevo punto de vista social dominante.